sábado, 9 de junio de 2018

Día 104


Sábado en casa con June. Mirando fotos viejas, me inunda por momentos esa melancolía suave, casi placentera pero que bordea peligrosamente la nostalgia. Así que guardo la caja en el estante de arriba de mi ropero, la corto con los recuerdos. Sin embargo, una imagen, la de mis padres muy jóvenes y creo, ya de novios, vestidos de gala y yendo al Colón, me persigue. El vestido que luce mi madre es  largo hasta los tobillos, de color rosa y tiene unos bordes de pasamanería dorada. Se lo había hecho ella misma. En la foto se ve blanco, negro y gris. Ninguno de los dos está mirando a la cámara, están absortos mirándose uno al otro. En realidad, mirando en detalle, mi padre es el que observa a mamá, mi madre tiene los ojos bajos y esboza una tibia, tímida sonrisa. Y en esa mirada pienso, pendiendo de sus emociones, de su pasión, de su deseo, se empezaron a gestar las vidas y almas mía y de mis hermanos. De ese amor, humano, intenso, imperfecto, tan frágil pero fuerte al mismo tiempo y esa atracción que sintieron el uno por el otro, una atracción tan grande que los llevó a unir sus vidas para siempre, y traernos al mundo. En fin, lo que decía, la melancolía es peligrosa. Pero inevitable a medida que pasa el tiempo. ¿No? 


viernes, 25 de mayo de 2018

¿Día 103? (Me olvidé)

Entre los muchos alumnos que tengo -este año todavía no hice la cuenta- pero son ocho cursos diferentes de tres escuelas distintas, esta semana me sorprendió uno en particular. Está en primer grado, es bajito, rellenito y se expresa con dificultad, es difícil comprenderlo y es probable que necesite la ayuda de una fonoaudióloga. Una piensa que está en su mundo, que hará el proceso a su modo, quizás con más lentitud. Y sin....embargo....cuando estoy al frente, haciendo la rutina de cantos y saludos, se acerca, se adelanta a mis pasos y me pide con su vocecita pequeña, que cante "happy", no solo eso, toma la tiza y escribe el mismo las palabras y dibuja las caritas que acompañan cada emoción, en rigor tres emociones, y que sirven de guía al canto...y si lo dejo continúa escribiendo él mismo en el pizarrón. "¡Sos un genio!", le digo en español. (Y es un genio). Así es de emocionante enseñar un idioma, enseñar lo que sea, así de maravilloso es el aprendizaje, tanto que nos excede, que no podemos dimensionar hasta donde llega, ni qué efectos produce en los demás. Son cosas que animan a seguir, no importa el cansancio, ni el dolor que sigue molestando, no importa nada con tal de que ellos sonrían, aprendan, estén felices.


viernes, 11 de mayo de 2018

Pre-texto

Sentada en mi mesa leyendo, lo ví. Esta vez supe, como se sabe con certeza y sin fisuras, que era él. Tantos días, meses, años, sin vernos para econtrarnos casual o causalmente en ese lugar, ese bar, de ese museo que a él y a mí nos gustaba tanto. Busqué sus ojos que no se desprendían del libro –un sesudo tratado de metafísica- algo que a él le fascinaba, y que por lo que alcanzaba a ver desde mi mesa, a mi podría haberme interesado, sino fuera porque yo estaba leyendo mis propias notas, unos apuntes de la materia que estaba cursando tardíamente en el traductorado de inglés. A mi también me absorbía la lectura pero en ese momento más me atraían sus gestos, familiares y queridos, sumergidos en el libro. Por lo que alcancé a divisar, aún continuaba usando anteojos, tenía abundante pelo pero hacia la coronilla comenzaba a ralear, vestía ropas oscuras y livianas; era verano. Súbitamente por una distracción o quizás porque sintió la intensidad de mi mirada fija en él, levantó los ojos y me vió. Esta vez fue él, el primero en sonreír, y reconocerme con cierta extrañeza, como si me recordara pero no supiera bien de dónde, yo le devolví la sonrisa y encogiéndome de hombros le hice una señal que bien podría significar: acércate o voy hacia allá. Nos levantamos casí al mismo tiempo, no estábamos lejos, y en unos segundos nos encontramos en un abrazo sostenido y prolongado, que duró un instante, un breve lapso, antes de que separándonos dijéramos casi al mismo tiempo: ¿Cómo estás? ¿Qué es de tu vida? Y entonces al abrir ambos los labios para responder, me acerqué y lo besé, esta vez con decisión y entrega, sin medir las consecuencias, a sabiendas de que, desde su boca partiría o no una respuesta, sea en palabras, sea en gestos, que definiría la cualidad y naturaleza de el resto del tiempo por vivir de ese nuestro accidentado vínculo, nuestra absurda relación o la ausencia total de ella.

(2018)


martes, 8 de mayo de 2018

Día 10...

Días de decepciones, de cortes, de rupturas abruptas. De analizar. Hasta dónde entregar nuestra confianza, hasta dónde abrir nuestro corazón. Complicado y sencillo a la vez. Supongo que se trata de seguir nuestra intuición, pero la intuición muchas veces nos engaña, y también nos engañan las personas, aquellas en quienes erróneamente depositamos alguna confianza. Sé que soy excesiva, que la moderación se impone en estos casos, pero...¿dónde encontrar el término medio? ¿Se tratará a fin de cuentas de ir por el mundo con una pesada armadura? ¿A resguardo de todos y todo? Qué se yo. Siento que no aprendo, que no escarmiento, pero a fin de cuentas de eso se trata, de aprender, todo el tiempo, aún a costa de nuestros errores, y casi siempre por ellos y por nuestros fracasos. Y levantarse, una y mil veces, de entre el polvo y las cenizas, aunque duela, aunque cueste, aunque la tierra nos invita a quedarnos allí, muertos en vida, sepultados, cómodamente adormecidos, anestesiados en la parálisis que no conduce a nada. Mientras tanto, el sol, sale y se vuelve a ocultar en mi ventana, esa que amo por demás.


jueves, 3 de mayo de 2018

Carta


¿Cómo estás? Quiero que sepas que hoy tiré tus cartas, todas, las rompí, las hice pedazos y las arrojé a la basura. Solo eso. En el tacho quedaron tus letras, tus poemas, que no eran tuyos, que nunca fueron propios, ajenos ellos, como ajeno fue el amor que decías que me tenías, como el tiempo que perdí pensando en vos, guardándote “fidelidad”, soñando con tus besos, recordando tus abrazos, hasta viajando, tomándome el metro en un país extraño, para ir a verte todas las noches, para abrazarme a vos, apretarme a tu cuerpo y volver junto a mis amigas ya temprano por la madrugada. Pero vos querías más, querías que vuelva, que me quede en tu cama, que me acueste a tu lado, que me deje invadir por tu cuerpo, que fundamos nuestras vidas, todo lo querías pero poco dabas, porque poco tenías para mí, porque todo lo repartías, entre muchas, muchas más. Fui yo la estúpida que soñó con lo único, lo definitivo, lo para siempre, lo infinito, lo eterno, sin saber e ignorando que tales palabras no entraban en tu vocabulario pequeño, en tu abreviado diccionario del amor, o de lo que llamas amor, porque en definitiva hay tantas clases de amor como personas habitan esta tierra. Y entonces pasaron los años, y me fui alejando de esa idea, de un amor perenne, de un amor sin muerte, ni fin, y encontré en distintos brazos, distintas ideas, todas válidas, todas factibles, de un amor, como diría el poeta, el escritor, un amor puente, un amor llave, un amor vagabundo, como el tuyo, como el mío, que es ancla, que es tierra, cuerpo, sangre, alimento. Entonces olvidé con tus cartas, tus promesas, falsas e inútiles, que se prolongaron en el tiempo, mientras crecían las canas en mi cabeza y morían a mi alrededor los seres que amaba. Y con ellos, me iba yo, un pedazo mío que nunca regresará, ni retornará, y otras almas entraban a mi vida con sus cuerpos con sus mentes, con sus ideas, nuevas, del amor, de la vida, y como me gusta repetir la palabra, aunque esto sea, una carta más, pero no de amor, no de paz, no de cariño ni siquiera de afecto, sino quizás un exorcismo que concluya cuando se me agote el aliento y el tiempo, el reloj se quede sin pilas y las yemas de mis dedos sin impulso, como yo, seca, inerte, muerta del todo, porque quien está relativamente muerto, o absolutamente vivo, sino el que ama, el que anhela, el que sufre, goza y espera.

martes, 1 de mayo de 2018

Día 1...

Leí por ahí una frase que decía algo así como: "No cuentes los días, haz que los días cuenten". La verdad me quedé pensando en este contar días, empecinadamente, tal vez inútilmente, quizás un poco caprichosamente. No por nada en particular, simplemente un día empecé a contarlos, digo, el número es algo completamente relativo en este caso, han transcurrido más de cien días desde que abrí el blog. Simplemente decidí organizar el registro de los días que de algún modo quedan plasmados en un relato o foto, con el número. Los números son un poco mágicos, esa serialidad y esa lógica ascendente  -o descendente- me fascinan aunque soy mala, malísima para las matemáticas. También podría elegir palabras o frases pero bueno, quedaron los números, para contarlos, para diferenciarlos. No sé de todas maneras si tendrá sentido seguir. Mientras tanto, queda así, el día 101. Ja, ja. Que fácil me dejo llevar por unas palabras leídas al azar. Es que una va cambiando, mutando, constantemente. Hasta cambiaría el nombre del blog, su diseño, su apariencia. O quizás por qué no, lo borraría de la faz de internet. Pero no, acá sigo. Y mientras tanto, pienso, reflexiono y comparto. Qué se yo. Porque sí, porque me gusta, porque me hace bien, y porque acá estoy, existiendo, persistiendo, viviendo, un día más.