viernes, 11 de mayo de 2018

Pre-texto

Sentada en mi mesa leyendo, lo ví. Esta vez supe, como se sabe con certeza y sin fisuras, que era él. Tantos días, meses, años, sin vernos para econtrarnos casual o causalmente en ese lugar, ese bar, de ese museo que a él y a mí nos gustaba tanto. Busqué sus ojos que no se desprendían del libro –un sesudo tratado de metafísica- algo que a él le fascinaba, y que por lo que alcanzaba a ver desde mi mesa, a mi podría haberme interesado, sino fuera porque yo estaba leyendo mis propias notas, unos apuntes de la materia que estaba cursando tardíamente en el traductorado de inglés. A mi también me absorbía la lectura pero en ese momento más me atraían sus gestos, familiares y queridos, sumergidos en el libro. Por lo que alcancé a divisar, aún continuaba usando anteojos, tenía abundante pelo pero hacia la coronilla comenzaba a ralear, vestía ropas oscuras y livianas; era verano. Súbitamente por una distracción o quizás porque sintió la intensidad de mi mirada fija en él, levantó los ojos y me vió. Esta vez fue él, el primero en sonreír, y reconocerme con cierta extrañeza, como si me recordara pero no supiera bien de dónde, yo le devolví la sonrisa y encogiéndome de hombros le hice una señal que bien podría significar: acércate o voy hacia allá. Nos levantamos casí al mismo tiempo, no estábamos lejos, y en unos segundos nos encontramos en un abrazo sostenido y prolongado, que duró un instante, un breve lapso, antes de que separándonos dijéramos casi al mismo tiempo: ¿Cómo estás? ¿Qué es de tu vida? Y entonces al abrir ambos los labios para responder, me acerqué y lo besé, esta vez con decisión y entrega, sin medir las consecuencias, a sabiendas de que, desde su boca partiría o no una respuesta, sea en palabras, sea en gestos, que definiría la cualidad y naturaleza de el resto del tiempo por vivir de ese nuestro accidentado vínculo, nuestra absurda relación o la ausencia total de ella.

(2018)


martes, 8 de mayo de 2018

Día 10...

Días de decepciones, de cortes, de rupturas abruptas. De analizar. Hasta dónde entregar nuestra confianza, hasta dónde abrir nuestro corazón. Complicado y sencillo a la vez. Supongo que se trata de seguir nuestra intuición, pero la intuición muchas veces nos engaña, y también nos engañan las personas, aquellas en quienes erróneamente depositamos alguna confianza. Sé que soy excesiva, que la moderación se impone en estos casos, pero...¿dónde encontrar el término medio? ¿Se tratará a fin de cuentas de ir por el mundo con una pesada armadura? ¿A resguardo de todos y todo? Qué se yo. Siento que no aprendo, que no escarmiento, pero a fin de cuentas de eso se trata, de aprender, todo el tiempo, aún a costa de nuestros errores, y casi siempre por ellos y por nuestros fracasos. Y levantarse, una y mil veces, de entre el polvo y las cenizas, aunque duela, aunque cueste, aunque la tierra nos invita a quedarnos allí, muertos en vida, sepultados, cómodamente adormecidos, anestesiados en la parálisis que no conduce a nada. Mientras tanto, el sol, sale y se vuelve a ocultar en mi ventana, esa que amo por demás.


jueves, 3 de mayo de 2018

Carta


¿Cómo estás? Quiero que sepas que hoy tiré tus cartas, todas, las rompí, las hice pedazos y las arrojé a la basura. Solo eso. En el tacho quedaron tus letras, tus poemas, que no eran tuyos, que nunca fueron propios, ajenos ellos, como ajeno fue el amor que decías que me tenías, como el tiempo que perdí pensando en vos, guardándote “fidelidad”, soñando con tus besos, recordando tus abrazos, hasta viajando, tomándome el metro en un país extraño, para ir a verte todas las noches, para abrazarme a vos, apretarme a tu cuerpo y volver junto a mis amigas ya temprano por la madrugada. Pero vos querías más, querías que vuelva, que me quede en tu cama, que me acueste a tu lado, que me deje invadir por tu cuerpo, que fundamos nuestras vidas, todo lo querías pero poco dabas, porque poco tenías para mí, porque todo lo repartías, entre muchas, muchas más. Fui yo la estúpida que soñó con lo único, lo definitivo, lo para siempre, lo infinito, lo eterno, sin saber e ignorando que tales palabras no entraban en tu vocabulario pequeño, en tu abreviado diccionario del amor, o de lo que llamas amor, porque en definitiva hay tantas clases de amor como personas habitan esta tierra. Y entonces pasaron los años, y me fui alejando de esa idea, de un amor perenne, de un amor sin muerte, ni fin, y encontré en distintos brazos, distintas ideas, todas válidas, todas factibles, de un amor, como diría el poeta, el escritor, un amor puente, un amor llave, un amor vagabundo, como el tuyo, como el mío, que es ancla, que es tierra, cuerpo, sangre, alimento. Entonces olvidé con tus cartas, tus promesas, falsas e inútiles, que se prolongaron en el tiempo, mientras crecían las canas en mi cabeza y morían a mi alrededor los seres que amaba. Y con ellos, me iba yo, un pedazo mío que nunca regresará, ni retornará, y otras almas entraban a mi vida con sus cuerpos con sus mentes, con sus ideas, nuevas, del amor, de la vida, y como me gusta repetir la palabra, aunque esto sea, una carta más, pero no de amor, no de paz, no de cariño ni siquiera de afecto, sino quizás un exorcismo que concluya cuando se me agote el aliento y el tiempo, el reloj se quede sin pilas y las yemas de mis dedos sin impulso, como yo, seca, inerte, muerta del todo, porque quien está relativamente muerto, o absolutamente vivo, sino el que ama, el que anhela, el que sufre, goza y espera.

martes, 1 de mayo de 2018

Día 1...

Leí por ahí una frase que decía algo así como: "No cuentes los días, haz que los días cuenten". La verdad me quedé pensando en este contar días, empecinadamente, tal vez inútilmente, quizás un poco caprichosamente. No por nada en particular, simplemente un día empecé a contarlos, digo, el número es algo completamente relativo en este caso, han transcurrido más de cien días desde que abrí el blog. Simplemente decidí organizar el registro de los días que de algún modo quedan plasmados en un relato o foto, con el número. Los números son un poco mágicos, esa serialidad y esa lógica ascendente  -o descendente- me fascinan aunque soy mala, malísima para las matemáticas. También podría elegir palabras o frases pero bueno, quedaron los números, para contarlos, para diferenciarlos. No sé de todas maneras si tendrá sentido seguir. Mientras tanto, queda así, el día 101. Ja, ja. Que fácil me dejo llevar por unas palabras leídas al azar. Es que una va cambiando, mutando, constantemente. Hasta cambiaría el nombre del blog, su diseño, su apariencia. O quizás por qué no, lo borraría de la faz de internet. Pero no, acá sigo. Y mientras tanto, pienso, reflexiono y comparto. Qué se yo. Porque sí, porque me gusta, porque me hace bien, y porque acá estoy, existiendo, persistiendo, viviendo, un día más. 

martes, 24 de abril de 2018

Día 100


Mierda con el dolor de muelas. No hay nada igual, nada peor. La puta, como duele. Querés arrancarte la muela vos misma, escupirla, lejos, de vos y de tu cuerpo que la resiente, y rechaza, esa punzada que se multiplica por todo el maxilar derecho, taladrándote la cabeza y el oído, volviéndote una completa inútil. Lo peor es que no querés ir al dentista, te resistís, porque en parte sabés lo que te espera y la verdad no querés tener un diente menos, que agonice, que muera, pero que permanezca ahí, inservible e inerte, alineado con las otras muelas, para que al menos mastique un poco más un trozo de pan, una fruta, una almendra, algo. Mientras tanto te retorcés del dolor y testaruda te decís que no y no. No vas al dentista. Te cepillás con fuerza, hacés buches y gárgaras. El dolor cede un poco, y vuelve, renovado al ataque. Probás tocando otros puntos, otras partes del cuerpo, estallar de placer ahí abajo, y por un instante pensás que lo lograste, sí, lo venciste, mientras temblás de satisfacción y cierto orgullo, vanidad omnipotente, pero no, vuelve, renovado, fortalecido, más intenso, más molesto que antes. Y entonces, al borde de la rendición, abrís el Word y escribís, unas tras otras, las letras, las palabras, los puntos y las comas. Pero no te engañes, ahí sigue, impertinente y terrible, fuerte, casi diría, bello, el dolor más insoportable, más terrible, más inigualable que puedas sentir.

sábado, 21 de abril de 2018

Día 99

A veces es extraño, soy consciente de tener una sensación de "pequeño dios". Me despierto por la mañana, desayuno, me cambio y salgo en bici a trabajar. Llego a la escuela en mitad del saludo a la bandera. Es como si el mundo comenzara a materializarse ante mis ojos a medida que los abro, que voy, que llego. Y ahí, ante mi vista, aparecen los alumnos, los compañeros, el director. Antes no existían, no estaban, mi vida era para mi, solo yo y mi gata, pero llego y ellos se solidifican del aire, adquieren una personalidad, entran a mi vida, para alterarla, modificarla, enriquecerla. Ellos, cada uno, y cada una de las personas que me cruzo en el trabajo, en la calle, en el súper, en la esquina. Y ese sentimiento extraño, como si comenzaran a existir para mí a partir de que yo los nombro, los identifico, los veo, los miro. Sé fehacientemente, claro que sí, que no es así, entonces me maravilla, cuantas vidas, cuantos mundos, cuantos universos me rodean, y rodean a los que me rodean, y así como ellos comienzan a "existir y ser" a partir de mi mirada, yo comienzo a vivir y a estar a partir de su reconocimiento y  su visión. Entonces somos todos como dioses pequeños, que nos creamos unos a otros, al reconocernos, al identificar a ese otro, al llamarlo, al interpelarlo del modo que sea. Bueno todo esto y además el caño que se rompió en el piso de arriba y que, mientras escribo estas palabras, me inunda el baño en este momento.