sábado, 21 de abril de 2018

Día 99

A veces es extraño, soy consciente de tener una sensación de "pequeño dios". Me despierto por la mañana, desayuno, me cambio y salgo en bici a trabajar. Llego a la escuela en mitad del saludo a la bandera. Es como si el mundo comenzara a materializarse ante mis ojos a medida que los abro, que voy, que llego. Y ahí, ante mi vista, aparecen los alumnos, los compañeros, el director. Antes no existían, no estaban, mi vida era para mi, solo yo y mi gata, pero llego y ellos se solidifican del aire, adquieren una personalidad, entran a mi vida, para alterarla, modificarla, enriquecerla. Ellos, cada uno, y cada una de las personas que me cruzo en el trabajo, en la calle, en el súper, en la esquina. Y ese sentimiento extraño, como si comenzaran a existir para mí a partir de que yo los nombro, los identifico, los veo, los miro. Sé fehacientemente, claro que sí, que no es así, entonces me maravilla, cuantas vidas, cuantos mundos, cuantos universos me rodean, y rodean a los que me rodean, y así como ellos comienzan a "existir y ser" a partir de mi mirada, yo comienzo a vivir y a estar a partir de su reconocimiento y  su visión. Entonces somos todos como dioses pequeños, que nos creamos unos a otros, al reconocernos, al identificar a ese otro, al llamarlo, al interpelarlo del modo que sea. Bueno todo esto y además el caño que se rompió en el piso de arriba y que, mientras escribo estas palabras, me inunda el baño en este momento. 

martes, 17 de abril de 2018

Día 98

Sacaron el pan del comedor de las escuelas...porque..."hay mucha obesidad en los niños". Vergonzoso y repudiable, Ellos aún así -porque son lo más valioso que tiene esta sociedad- conservan el humor y se acercan a decirme: "¿Qué le dijo un jaguar a otro? Y haciendo una pausa me dicen una sonrisa: Jaguar iu." ❤️Son demasiado para nosotros, y no merecen ellos, justamente ellos, padecer esta miserable política de recorte y ajuste salvaje....mañana, ruidazo. Estaré trabajando pero camino a casa, en la bici, me uno.

domingo, 15 de abril de 2018

Día 97

                                                   
                                                             (Teatro Colón-El Corsario)

sábado, 14 de abril de 2018

Dia 96

Hay días en que sólo persisto, existo, sobrevivo. Qué se le va a hacer, es así. A veces cuesta el día a día, las luchas, sobre todo internas, contra uno mismo, contra los fantasmas, las pérdidas, por salir de ese lugar  que despacio fui construyendo -¿me lo fabricaron de afuera acaso?- donde tanto tiempo, estuve quizás hasta cómoda, ¿feliz?. Quien sabe qué es la felicidad a fin de cuentas. Pienso que no existe, que son sólo momentos, estados transitorios del alma, emociones pasajeras, a veces intensas, breves, otras leves, prolongadas. Pero bueno, aún así, como en el poema, me levanto, aún así, sale el sol todos los días. Y se sigue más, un poco más. En medio de las dificultades, atravesada por las pérdidas, las angustias, las ansiedades, las inseguridades, ¡ay!esas inseguridades, esas faltas. Y viva, feliz, gozosa, conforme y satisfecha todo el resto del tiempo. Completa, quizás, de a ratos, incompleta, otros momentos. Y así en una sucesión de días, unos buenos, otros malos, otros olvidables, y otros tantos, memorables. 

lunes, 2 de abril de 2018

Día 94


-¡Ridícula! ¡Sos una ridícula! ¿Qué te pensaste? ¿Que realmente te queria? ¿Que te iba a llamar ni bien llegara? Imaginate. A vos justamente. Entendé que no. Cuando es no es no. Y no me vengas con que él dijo, él pensó, él quiso. Lo importante son los hechos, y en los hechos el no hizo nada: N-A D-A. ¿O acaso te creíste tan importante? No señor, no lo sos. No sos nadie ni nada. Al menos para él. ¿No entendés que él tiene mejores cosas para hacer que verte a vos? ¿Que dedicarte siquiera media hora de su vida? ¡Ilusa! No aceptás la realidad, no querés ver, no entendés. Cuando algo es NO, es NO. Y punto final. Y no vas a andar mendigando amor. ¡No más! Eso déjaselo a los pobrecitos. Y vos, no sos una pobrecita. Sos vos. Así que sécate las lágrimas, recomponete, y metele para adelante. Porque es la única manera de seguir: adelante. Hacia el futuro. Y no me mirés con esa cara de pichón mojado. ¡Vos podés! Creételo. Porque si vos no lo creés, nadie más lo va a creer por vos. Yo sé de lo que hablo. Estuve ahí. Donde estás vos ahora. Humillada, amargada, decepcionada. No son bellos sentimientos pero son emociones pasajeras y transitorias. Como todo en este mundo. Soltalas, deshacete de ellas, levantate, ponete de pie, ¡zonza! Él no es el único hombre en este mundo, el mundo está lleno de hombres, mejores, más fuertes, más bellos, ¡más jóvenes!. Olvidate de él y de todos los que alguna vez te hicieron sufrir. Pero escúchame bien: el sufrimiento es opcional el noventa por ciento de las veces, eso lo tenés claro, ¿no? Pues bien, convéncete, porque así es. OPCIONAL. Sacudítelo como los gatos se sacuden las energías negativas del cuerpo, estírate, movete, nunca, jamás, te quedes quieta, las parálisis no son buenas para nadie. Ni para vos y mucho menos para los que te rodean. Pero no pienses ahora en los demás. Pensá en vos, sólo en vos. Porque te tenés a vos y a nadie más. Solo vos podés salir de este estado lamentable en el que has caído por propia voluntad, por floja, por débil, por ansiosa, por egoísta también. Es necesario ser egoísta, si, pero egoísta en el mejor sentido de la palabra, elevar esa autoestima que tenés por el piso, amarte, quererte, conocerte, descubrir las fortalezas que tenés escondidas. Me cansé de decírtelo, no sos la víctima, sos la responsable de tu situación, de tu destino, de tu estado. Así que ponete las pilas, enderazate, no te quiero ver más con esa joroba en la espalda, esa mochila pesada a cuestas. Ya no más. Mirá, acá tenés un espejo. Secate las lágrimas, sonate la naríz. Sos hermosa. Vos podés. Sólo vos. Y nadie más.

jueves, 29 de marzo de 2018

Día 93

Se sabe, no todo es color de rosas en mi oficio. Edgar está en tercer grado. Tiene pelo cortado al ras, ojitos negros como brasas, contextura más bien robusta. Es inquieto, muy inquieto, contestador, díscolo. Creo que no le gusta inglés, no quiere aprender, quizás piensa que no puede, aunque de repente se ilumina y descubre la respuesta a alguna pregunta que hice en mitad del la clase. El otro día hizo un avioncito de papel con la fotocopia de una actividad que le di para hacer. Jugó un rato a pesar de que lo llamé, lo reconvine y finalmente, lo tiró al tacho de basura. Atrás, con el avioncito de papel, me fui yo, de cabeza al cesto de papeles, frustrada y triste, sabiendo que retándolo delante de todos no llego a buen puerto: nunca. En el momento, con veintitantos compañeros más, es difícil. Llamarlo aparte tampoco parece funcionar. Y entonces un día llego y el me muestra su cuaderno nuevo para inglés y me cuenta con orgullo que nació su hermanita. Todo el enojo se disuelve dando paso a la ternura. Le pregunto cómo se llama, si está contento, indago acerca de otros hermanos, y entonces el me larga así de zopetón: mis dos hermanos más grandes están en la cárcel. Actúo como si nada, le pregunto que hicieron. -Se pelearon-, dice él con vaguedad. Entonces me doy cuenta, con el corazón partido, que lo mejor que él puede hacer, es estar ahí, en mi clase, molestando o prestando atención, haciendo un avioncito de papel con la fotocopia que le di, jugando y tirándola a  la basura, porque quizás, sin quererlo, lo reté por demás.