martes, 6 de febrero de 2018

Y enero se fue volando...


Y allá, atrás de las aves, y de los días, se fueron momentos hermosos, lugares nuevos, anécdotas, música, emociones, letras, palabras y tantas cosas más. Enero sirvió para cargar pilas, se viene el año con todas sus obligaciones y sus desafíos, con muchos proyectos para concretar. Ya estoy dando mis primeros pasos en esa dirección, con nerviosismo, con algo de temor, porque a veces es "cómodo" quedarse en lo conocido, en lo que ya, de algún modo, sabemos como manejar. Pero está bueno, pensar más allá, ponerse objetivos y poner todo de nuestra parte para concretar esas metas. Digamos que es una combinación del dejar fluir con el ponerlo todo de nuestra parte. Todavía no sabría definir donde se encuentra el termino medio. A veces me acuerdo de Horacito y siento mucha pena, si bien podía pasar bastante tiempo sin que nos encontráramos antes de que se enfermara, es muy fuerte saber y aceptar que esta vez la separación es definitiva. Trato de no dejarme llevar por la melancolía. Insisto en que es una droga y de las peligrosas. Por lo demás, la vida seguirá su curso, como siempre, arrastrándonos en su vorágine e invitándonos a que tomemos las riendas y firmes y seguros la conduzcamos por los cauces que más anhele nuestro corazón. 

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