Vuelvo el miércoles del laburo y luego de cenar caigo desmayada en la cama. Es un tema porque si no me "agoté" lo suficiente -y parece que no-, me desvelo. A veces es sencillo seguir durmiendo, otra no. Abro la compu y me pongo a navegar la red, chequeo el celular, escucho música, como sistemas para dormir o seguir durmiendo, un desastre, pasan los minutos y nada funciona...lo mejor sería apagar todo y cerrar simplemente los ojos. Dormir. Eso haré supongo, pero antes, pienso, podría actualizar el blog. Así que así procedo mientras pienso en los resultados de los estudios de rutina que me hice en estos días...tomografía, eco-grafías y mamo-grafías, análisis de sangre...creo que todo está dentro de lo previsible aunque determinadas terminologías asustan un poco y una no entiende demasiado, entonces ahí está google, para calmar o excitar nuestra inquietud...en fin, debería esperar a que mi doctora vea todo, ella es quien tiene siempre la última palabra. Una de las cosas que me "hace feliz", es que el dichoso marcador CA125 está dentro de los rangos normales. Y eso me da cierto alivio, sino mucho, bastante. Dicho esto, ¡a dormir, que mañana se trabaja!
jueves, 28 de junio de 2018
martes, 19 de junio de 2018
sábado, 9 de junio de 2018
Día 104
Sábado en casa con June. Mirando fotos viejas, me inunda por momentos esa melancolía suave, casi placentera pero que bordea peligrosamente la nostalgia. Así que guardo la caja en el estante de arriba de mi ropero, la corto con los recuerdos. Sin embargo, una imagen, la de mis padres muy jóvenes y creo, ya de novios, vestidos de gala y yendo al Colón, me persigue. El vestido que luce mi madre es largo hasta los tobillos, de color rosa y tiene unos bordes de pasamanería dorada. Se lo había hecho ella misma. En la foto se ve blanco, negro y gris. Ninguno de los dos está mirando a la cámara, están absortos mirándose uno al otro. En realidad, mirando en detalle, mi padre es el que observa a mamá, mi madre tiene los ojos bajos y esboza una tibia, tímida sonrisa. Y en esa mirada pienso, pendiendo de sus emociones, de su pasión, de su deseo, se empezaron a gestar las vidas y almas mía y de mis hermanos. De ese amor, humano, intenso, imperfecto, tan frágil pero fuerte al mismo tiempo y esa atracción que sintieron el uno por el otro, una atracción tan grande que los llevó a unir sus vidas para siempre, y traernos al mundo. En fin, lo que decía, la melancolía es peligrosa. Pero inevitable a medida que pasa el tiempo. ¿No?
viernes, 25 de mayo de 2018
¿Día 103? (Me olvidé)
Entre los muchos alumnos que tengo -este año todavía no hice la cuenta- pero son ocho cursos diferentes de tres escuelas distintas, esta semana me sorprendió uno en particular. Está en primer grado, es bajito, rellenito y se expresa con dificultad, es difícil comprenderlo y es probable que necesite la ayuda de una fonoaudióloga. Una piensa que está en su mundo, que hará el proceso a su modo, quizás con más lentitud. Y sin....embargo....cuando estoy al frente, haciendo la rutina de cantos y saludos, se acerca, se adelanta a mis pasos y me pide con su vocecita pequeña, que cante "happy", no solo eso, toma la tiza y escribe el mismo las palabras y dibuja las caritas que acompañan cada emoción, en rigor tres emociones, y que sirven de guía al canto...y si lo dejo continúa escribiendo él mismo en el pizarrón. "¡Sos un genio!", le digo en español. (Y es un genio). Así es de emocionante enseñar un idioma, enseñar lo que sea, así de maravilloso es el aprendizaje, tanto que nos excede, que no podemos dimensionar hasta donde llega, ni qué efectos produce en los demás. Son cosas que animan a seguir, no importa el cansancio, ni el dolor que sigue molestando, no importa nada con tal de que ellos sonrían, aprendan, estén felices.
martes, 15 de mayo de 2018
martes, 8 de mayo de 2018
Día 10...
Días de decepciones, de cortes, de rupturas abruptas. De analizar. Hasta dónde entregar nuestra confianza, hasta dónde abrir nuestro corazón. Complicado y sencillo a la vez. Supongo que se trata de seguir nuestra intuición, pero la intuición muchas veces nos engaña, y también nos engañan las personas, aquellas en quienes erróneamente depositamos alguna confianza. Sé que soy excesiva, que la moderación se impone en estos casos, pero...¿dónde encontrar el término medio? ¿Se tratará a fin de cuentas de ir por el mundo con una pesada armadura? ¿A resguardo de todos y todo? Qué se yo. Siento que no aprendo, que no escarmiento, pero a fin de cuentas de eso se trata, de aprender, todo el tiempo, aún a costa de nuestros errores, y casi siempre por ellos y por nuestros fracasos. Y levantarse, una y mil veces, de entre el polvo y las cenizas, aunque duela, aunque cueste, aunque la tierra nos invita a quedarnos allí, muertos en vida, sepultados, cómodamente adormecidos, anestesiados en la parálisis que no conduce a nada. Mientras tanto, el sol, sale y se vuelve a ocultar en mi ventana, esa que amo por demás.
martes, 1 de mayo de 2018
Día 1...
Leí por ahí una frase que decía algo así como: "No cuentes los días, haz que los días cuenten". La verdad me quedé pensando en este contar días, empecinadamente, tal vez inútilmente, quizás un poco caprichosamente. No por nada en particular, simplemente un día empecé a contarlos, digo, el número es algo completamente relativo en este caso, han transcurrido más de cien días desde que abrí el blog. Simplemente decidí organizar el registro de los días que de algún modo quedan plasmados en un relato o foto, con el número. Los números son un poco mágicos, esa serialidad y esa lógica ascendente -o descendente- me fascinan aunque soy mala, malísima para las matemáticas. También podría elegir palabras o frases pero bueno, quedaron los números, para contarlos, para diferenciarlos. No sé de todas maneras si tendrá sentido seguir. Mientras tanto, queda así, el día 101. Ja, ja. Que fácil me dejo llevar por unas palabras leídas al azar. Es que una va cambiando, mutando, constantemente. Hasta cambiaría el nombre del blog, su diseño, su apariencia. O quizás por qué no, lo borraría de la faz de internet. Pero no, acá sigo. Y mientras tanto, pienso, reflexiono y comparto. Qué se yo. Porque sí, porque me gusta, porque me hace bien, y porque acá estoy, existiendo, persistiendo, viviendo, un día más.
martes, 24 de abril de 2018
Día 100
Mierda con el dolor de muelas. No hay nada igual, nada peor.
La puta, como duele. Querés arrancarte la muela vos misma, escupirla, lejos, de
vos y de tu cuerpo que la resiente, y rechaza, esa punzada que se multiplica
por todo el maxilar derecho, taladrándote la cabeza y el oído, volviéndote una
completa inútil. Lo peor es que no querés ir al dentista, te resistís, porque
en parte sabés lo que te espera y la verdad no querés tener un diente menos,
que agonice, que muera, pero que permanezca ahí, inservible e inerte, alineado
con las otras muelas, para que al menos mastique un poco más un trozo de pan,
una fruta, una almendra, algo. Mientras tanto te retorcés del dolor y testaruda
te decís que no y no. No vas al dentista. Te cepillás con fuerza, hacés buches
y gárgaras. El dolor cede un poco, y vuelve, renovado al ataque. Probás tocando
otros puntos, otras partes del cuerpo, estallar de placer ahí abajo, y por un
instante pensás que lo lograste, sí, lo venciste, mientras temblás de
satisfacción y cierto orgullo, vanidad omnipotente, pero no, vuelve, renovado,
fortalecido, más intenso, más molesto que antes. Y entonces, al borde de la
rendición, abrís el Word y escribís, unas tras otras, las letras, las palabras,
los puntos y las comas. Pero no te engañes, ahí sigue, impertinente y terrible,
fuerte, casi diría, bello, el dolor más insoportable, más terrible, más
inigualable que puedas sentir.
domingo, 15 de abril de 2018
sábado, 14 de abril de 2018
Dia 96
Hay días en que sólo persisto, existo, sobrevivo. Qué se le va a hacer, es así. A veces cuesta el día a día, las luchas, sobre todo internas, contra uno mismo, contra los fantasmas, las pérdidas, por salir de ese lugar que despacio fui construyendo -¿me lo fabricaron de afuera acaso?- donde tanto tiempo, estuve quizás hasta cómoda, ¿feliz?. Quien sabe qué es la felicidad a fin de cuentas. Pienso que no existe, que son sólo momentos, estados transitorios del alma, emociones pasajeras, a veces intensas, breves, otras leves, prolongadas. Pero bueno, aún así, como en el poema, me levanto, aún así, sale el sol todos los días. Y se sigue más, un poco más. En medio de las dificultades, atravesada por las pérdidas, las angustias, las ansiedades, las inseguridades, ¡ay!esas inseguridades, esas faltas. Y viva, feliz, gozosa, conforme y satisfecha todo el resto del tiempo. Completa, quizás, de a ratos, incompleta, otros momentos. Y así en una sucesión de días, unos buenos, otros malos, otros olvidables, y otros tantos, memorables.
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